Me han dicho que tu sonrisa se esconde y que, sólo de vez en cuando, se deja escapar algo que parece ser tu sombra. Cuentan que ya no eres tú y que no vives por tí. Dicen que entre tanta palabra vacía, lágrima de cocodrilo y perdón te olvidaste incluso de la risa.
Te ví como alma en pena un día por Santiago, la más lúgubre y patética de todas las de esta miserable ciudad. Yo, borracha de éxtasis... tú, de anhedonía. Resbalaba de tu boca una mueca intentando no caer, de mi memoria un recuerdo que se negaba a morir. Y como dice esa canción que te canté entre acordes disonantes "... y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido..."
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