lunes, 16 de septiembre de 2013
Ya no.
Ya no busca primaveras en estaciones de tren,
no son suficientes las bocanadas de aire,
ya no son suficientes los abrazos,
pues ella quiere entre sus brazos tener el mundo.
Ya no bastan las personas, la rabia o el miedo
ni las mañanas de invierno, ni el fuego al surgir.
Ya no bastan los elogios,
ya no son suficientes las sonrisas,
pues las devora como un puñado de estrellas.
Ya no le sirven los discursos en voz baja
y hasta el gritar se le hace nada.
Ya no camina, corre
-vuela-.
Cada árbol es un peldaño de su escalera
porque ya no le basta el suelo,
ya no le basta el fuego
-ya no más-,
ahora quiere bombardear el cielo.
Se nos subirán los ardores
y entre rabia y ternura
se nos va a perder el tiempo
para no volver a aparecer.
Del perfecto equilibrio construiremos,
si existe algo más que se vaya lejos.
Solo para nosotros,
por nosotros,
de nosotros,
entre nosotros
y sin otros.
Se nos juntan las almas, las manos,
las pieles, los labios...
y todo se nos queda ahí,
ya no importa nada.
y entre rabia y ternura
se nos va a perder el tiempo
para no volver a aparecer.
Del perfecto equilibrio construiremos,
si existe algo más que se vaya lejos.
Solo para nosotros,
por nosotros,
de nosotros,
entre nosotros
y sin otros.
Se nos juntan las almas, las manos,
las pieles, los labios...
y todo se nos queda ahí,
ya no importa nada.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
La memoria sonando
la rabia vigente
sonrisas apagadas
y desde entonces todo amargo.
Calles que retumban
familias quebradas,
ahogadas,
yermas.
Ya pocos recuerdan,
fueron ángeles desalados
y desalmados se los consumió el silencio.
A veces, cuentan que se escapa la rabia,
que reviven
y que en el aire hay ira...
cuentan que gritan
y van carcomiendo la pasividad del día.
Se propaga el fuego en las conciencias
y, con estelas flameantes,
caminan una vez más, como ayer, por las avenidas.
la rabia vigente
sonrisas apagadas
y desde entonces todo amargo.
Calles que retumban
familias quebradas,
ahogadas,
yermas.
Ya pocos recuerdan,
fueron ángeles desalados
y desalmados se los consumió el silencio.
A veces, cuentan que se escapa la rabia,
que reviven
y que en el aire hay ira...
cuentan que gritan
y van carcomiendo la pasividad del día.
Se propaga el fuego en las conciencias
y, con estelas flameantes,
caminan una vez más, como ayer, por las avenidas.
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