miércoles, 30 de septiembre de 2009

Solo fue ella.

Caminó por Santiago con sus zapatos de tacón y su vestido azul. La gente la miraba, los niños quedaban intrigados pero ella, con su paso firme y siempre decidido, se abría paso por entre la gente.
Al caer la noche uso su maquillaje barato, tomó su bolso y salió. En Alameda tomó un taxi con un destino del que no volvió.
Nadie quiso preguntar por ella ni por su vestido azul. Sus zapatos de tacón quedaron guardados, su habitación de alquiler abandonada, la noche olvidada.
En la televisión se transmite un nuevo partido de fútbol. A ella nadie la recuerda.