sábado, 17 de diciembre de 2011

Rogando a una cantera,
de donde ya no quedó nada más.
Ya no se trata del "te quiero"
o el "yo también"
sino del "simplemente terminó".

Sordo a las verdades
que escupe mi boca cansada
de esta rutina agotadora.
Sin paciencia, sin esperanza
después de tanto que pasó.

Se quiere y no.
Son esas heridas tan presentes,
y lo que quedó de hace un tiempo...
pero no, no se puede así,
con lo que quedó no.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Otra vez cruzando miradas,
como dos idiotas,
lanzando palabras al aire
que terminan en nada por esperar algo más.
Tú lo sabes, yo lo sé, todos saben
y aún así no decimos nada.
No tenemos razones, quizás sean impulsos,
como los de siempre
(esos que nos dan de vez en cuando después
de esas confesiones casuales privadas)
En qué estamos? hace años lo mismo
y no puedo decirte que no.
Da lo mismo la demás gente,
la hora, la razón, el contexto,
el alcohol o la falta de él.
Caeremos otra vez, con la falta de razón,
sin prejuicios, conociéndonos
y sabiendo volveremos a lo de siempre.
Lo que se fue, lo que no quiere irse,
el conflicto, todo lo que se recuerda.
El recaer en los vicios, el "ya lo dejé"
y abrir otra cajetilla.
Los días de sol asqueroso
y el invierno solitario.
Las manos a tientas que vuelven vacías
la curiosidad que no para de doler
y ver, otra vez, eso que finjo no me afecta.
Los meses que pasan, no se van las ganas,
el anhelo en vano, la sonrisa perdida
entre algo más en cualquier lugar.

lunes, 15 de agosto de 2011

Verdad.

Por no querer el fin
ahora está más próximo
y sin querer perdí
aquello que no quería alejar.
Sin más me rendí
por no lograr
hacer cambiar,
quizás orgullo o vanidad.
Se muere, queda atrás.

Y es verdad,
todo tiene un final.
Lo entendí cuando
me cansé de escuchar.
Son palabras vacías
y con más sentido
que cualquier verdad.

Y la pena se anhela
o al menos se espera
cuando todo va mal.
Por qué rechazarla
si de todas maneras llegará.

Disfrutar
el miserable tiempo,
valorar las horas,
las palabras.
Lo que se teje entre semanas...
de todas maneras
en algún momento acabará.

jueves, 4 de agosto de 2011

Ese no saber preguntar, el no saber responder,

el buscar una excusa que alimente el rato.

Como tantas veces que se nos van las palabras de la boca

y se llevan a más de un gesto poco sutil.

Demasiadas veces en que no se entiende ni se dice nada,

de conocerte y asumir lo que harás pronto, el huir,

la risa nerviosa e irónica de siempre

esa que embriaga más que el alcohol

que conocemos de vez en cuando.

Otra conversación furtiva, lejana

y yo finjo que no importa

que está de más preguntar, y es así.

De vez en vez, otra salida,

algo que parece cariño y caemos otra vez.

No quiero.

No quiero poner nombres a los sentimientos.
Tampoco quiero pintar de rosa el cielo,
no quiero cubrirlo de estrellas
ni bajar una para tí
cada noche en vela.
No quiero ser creadora, ni persona, ni musa.
No espero ser quien aturda más a la locura.
No quiero ser poeta.
Quiero ser el aire, la tierra,
incluso el fuego ocasional de un cigarrillo en tu boca.
No quiero sentirme nada ni algo,
quiero un sueño en los ocasos
y un suspiro suave en tus labios.
Desde que te conzco
en tí quiero ser todo.

Pasado.

¿Y que si ya no creen en tí?
Tantas veces te vieron caminar sin rumbo
y tu síndrome autodestructivo
hacerse realidad cada día.
Cuando por fin te diste cuenta
aún estabas a tiempo, pero eso sólo contó para tí.
Quienes alguna vez confiaron en que podías cambiar
perdieron su fe y dejaron sus ganas en el aire, al azar.
Ahora te miras en el espejo con sólo una sombra detrás,
esa que tantas veces te hizo quebrar verdades
y descargar tu ira contra los cristales.
Solo existen cicatrices
pero quedaron a tu lado, de pie
los que te acompañaron y no se rindieron como los demás...
y agradeces ese dolor pasado, esas heridas que de a poco sanan,
esas pesadillas por las noches y esa inspiración ocasional.
En algún momento de la vida entendemos que no solo basta una sonrisa que acompañe a la nuestra o una voz que te entregue algun vano consejo, no es suficiente quien te diga hacia donde ir o te haga reir. Quien más nos hace sufrir es probablemente de quien mas aprendemos porque el daño te hace fuerte y te une en experiencias.

Hoy puedo decir que valoro más una lágrima que una sonrisa, el silencio más que palabras. Es más importante quien siga tus pasos y comparta tu dolor apesar de los rencores. ¡Y el tiempo, cosa misteriosa! no borra los hechos pero si te ayuda a enfrentarlos y sentirlos menos importantes.

Te vas.

Dejas todo sin más.
Entre remordimientos
pienso cuánto más pude haber hecho.
Te vas.
Y sólo quedan tus fotos por la habitación,
los besos en un rincón,
y la ilusión de un tiempo mejor.

Acabas tán fácilmente con los planes,
solo dices que te marchas,
que haz perdido la confianza...

Cuántas cosas dejé por tí.
Debiste haberme enseñado a olvidar,
a crear muros invisibles
donde esconder la fragilidad.

Hoy, tempestad.
Te apoderas de mí como si volviese a ser,
como si el tiempo no me hiciera crecer.
Me hundes, me angustias y desolas
y entre llantos desgarradores
corto mis venas a ver si respondes.

Se apagan las luces a cada paso.
Mis labios están temblando,
nunca más tendré tu abrazo...
ni siquiera tu mano me da un adiós
en el cual refugiarme
como si fuese tu último recuerdo,
al menos como una ilusión.











...Y aún así te recordaré con cariño. Fingiré que tu partida no duele, así como tantas otras cosas se esconden. Que aún en el más oscuro lugar un buen momento ilumine tus pensamientos y recuerdes, en silencio, que seguiré pensando en tí. Entonces sabrás cuanto te quise y cuánto duele que te marches sin siquiera una cínica despedida...

domingo, 10 de julio de 2011

Cada vez que sucede siento que no debo estar, pero no puedo evitar anhelar esa situación cada vez que la veo lejana. Cuento los días y veo el reloj contiuamente -MIERDA! no avanza nunca el tiempo cuando se desea-. Se acelera mi pulso y mis neuronas entre aturdimiento y ansiedad se desesperan; es entonces cuando me veo ahí, esperándote -teniendo en cuenta que puedes fallar, no me quejo- y mi sonrisa es imposible de disimular y se escapa entre una mueca nerviosa, casi a punto de gritarlo todo -aunque lo sabes,claro-; no es más que el placer culpable del que no me arrepiento de cometer una y mil veces y el masoquismo inminente de encontrarte y "eso" más. Qué daría por no tener que dar fin a esto qué no entiendo. Y tu respiración me provoca; tus manos en mi cintura, dices algo que no entiendo y no me importa, mis dedos en tu espalda, la ropa, se fué el tiempo sin entender ni saber decir o intentar contar. Y nos hemos hecho cómplices de esta tonta enfermedad, esa de necesitar pero no saber si se puede seguir. No sé cuanto ha de durar y como tú has dicho: "las vueltas de la vida..." quizás se pueda aquello que hace años planeamos tan ilúsamente.

miércoles, 15 de junio de 2011

De eso.

Con esa risa enferma
y el corazón dando saltos
te dije si, algo falso (o quizás no tanto)
si quería, esa es la verdad
pero no sabes ni sabrás,
no entiendes ni hablarás
de esas tardes extrañas,
esas canciones que aunque poco
marcaron algo
no dirás las veces
que se te escapó la cordura de los labios
ni confesarás algo más que la noche difusa
semifusas de ironía en tu boca
yo, la loca,
corrí (en mi mente),
solo por no entender
ni saber preguntar
fingí ignorar.
Se me caía la verguenza y huía lejos,
más de lo que podía alcanzar
y yo contigo, olvidé (aunque no quize)
esa dirtorsión de la que tan afiatadamente fuí parte.
El estupefaciente de lado por el vicio mayor.
y no lo cambio,
te juro, no lo cambio.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Como antes.

Sé que viene ahora
viene la misma historia de antes
y aún así no puedo dejar de pensarte.
Por más que esconda en cajones tus recuerdos
cualquier rincón te trae de vuelta.

Estoy cansada de pasar por esto y sonreír,
de nada sirvieron las ganas ni la espera.
Solo gané un mal momento... otra vez.
No digas que no fue tu intención, no me pidas perdón,
en el fondo sabes que lo quisiste así
pero cuando te des cuenta del error
quizás ya sea tarde, igual que antes.

Y, como antes, no quiero pensar en tí
ni esperarte otra vez,
no quiero anhelar algo que tal vez ya nunca vuelva.
Te ganó la costumbre y a mí la resignación.

lunes, 3 de enero de 2011

"Hasta nunca"

Llegaste pateando puertas otra vez. Cada vez me convenzo más de que tomas muy enserio tu “vive rápido, muere joven” ¿No te cansas de ser así, tan miserable? Aún recuerdo como era antes, cambiaste demasiado con los años. A veces quisiera alejarme de ti de una vez, eres repugnante.

Ya me despertaste con el ruido que haces en la cocina sacando un vaso y la botella. No creo que sea necesario preguntar cómo estuvo tu día… Aún así con un gesto simple y una mueca forzada me entregas un vaso y te sientas a mi lado en la cama. Dejo de lado mi libro.

-Hoy vi a tu amigo- dices con voz rasposa por el cansancio-. Puta que me cae mal. Me carga que lo veas y que salgas sola con él.

-Si, lo sé- digo sin mucho afán, cansada ya del tema-. Pero como te cae tan mal simplemente prefiero no invitarte.

-¿Segura que es por eso o es otra cosa?- noto como tus ojos intentan intimidarme más que el tono de tu voz.

-No seas ridículo- suspiré.

-¡Tú no seas ridícula! ¿Crees que no me doy cuenta de cómo te mira cuando nos encontramos con él en algún lugar?- subiendo el tono de voz-. Además tienes cierto talento para manipular a la gente y me gusta… pero no trates de hacerlo conmigo porque te conozco mejor que cualquier persona- ese es el punto. Me conoces muy bien y a veces eso me asusta. Me encantaría no haberte conocido.

-¿Manipularte para qué? ¿Qué más puedo tener de ti? Te estás pudriendo, amor, ya no puedes darme nada más. No en esta vida.

-Y tú eres la persona más fría, narcisista, aprovechadora y apática que he conocido. Somos el uno para el otro. Solo estamos los dos en este mundo-. Enciendes un par de cigarrillos y me das uno con un gesto amable.

-Sí. Y es por eso que necesitas intentar cagarme la vida. Porque eres tan miserable que, entre el amor que te tienes, no eres capaz de acabar con tu vida, por eso apareciste en la mía-. Río entusiasta en el momento en que te abalanzas, tiro el vaso que tenía en la mano intentando alejarte. Aún encendido, contra tu brazo aplasto con fuerza ese cilindro cancerigeno que apenas probé. Te ríes y te vas al baño a limpiar un poco la herida.

Me recuesto rápidamente y me finjo dormida. Al volver besas mi mejilla con ternura y susurras “Te amo”. Un odio intenso recorre por completo mi cuerpo y en algún momento tomé la botella de ron y te di un certero golpe en la nuca, tirándote al suelo. Busco extasiada algo con que inmovilizarte antes de que te recuperes del impacto.

Abres tus ojos y sonríes. Camino despacio por la habitación con tu navaja en la mano, jugueteando. Me miras desde el piso atado, con los pies al closet y las muñecas a la cama. Bruscamente me arrodillo a tu lado y enredo entre mis dedos tus cabellos de colores.

-Ya te aguanté suficiente tiempo, amor ¿No crees?

-Ya nos aguantamos mutuamente demasiado tiempo. Alguno de los dos tenía que terminar todo- miras a tu alrededor buscando algo, sin darle mucha importancia a nuestra conversación-. Sin embargo no creí que fueras a hacerlo tú, eres débil. No lo harás.

-Entonces no me conoces tanto como creías- y con una mueca escapando de mis labios he acercado la navaja a tu pecho escribiendo con dedicación. Noté como tu cara intentaba ocultar un gesto de dolor mientras me mirabas fijamente a los ojos.

-Al menos creí hacerlo, amor ¿A quien engañaras después? ¿Quién será tu títere?- ríes estrepitosamente y yo no pienso en nada mas que verte desangrado en el suelo, frenética he cortado tu garganta de lado a lado. Un gemido casi imperceptible salio de ti.

Me aparto lentamente intentando darme cuenta de lo que ha pasado. El piso se llena de sangre rápidamente. Me subo a la cama y me dispongo a precisar cortes en mi muñeca. En ese momento me despierto exaltada con una botella vacía en mi mano.

Me pongo de pie. El suelo esta limpio, no hay ningún vaso. Tomo mi chaqueta del suelo y para decir adiós abro el closet a los pies de la cama. Tu cuerpo se ve más pequeño ahí dentro. Abres tus ojos lentamente e intentas decir algo, pero la cinta en tu boca no lo permite. Me acerco y susurro “Hasta nunca”, cierro la puerta y bajo lentamente las escaleras desde donde escucho como intentas salir de tu prisión. Estoy tranquila porque se que no lo harás. Saco una cerveza del refrigerador y me dispongo a salir, pero antes cojo un paquete de “Lucky Strike” que está sobre la mesa. Ya cerré la puerta.