Dejas todo sin más.
Entre remordimientos
pienso cuánto más pude haber hecho.
Te vas.
Y sólo quedan tus fotos por la habitación,
los besos en un rincón,
y la ilusión de un tiempo mejor.
Acabas tán fácilmente con los planes,
solo dices que te marchas,
que haz perdido la confianza...
Cuántas cosas dejé por tí.
Debiste haberme enseñado a olvidar,
a crear muros invisibles
donde esconder la fragilidad.
Hoy, tempestad.
Te apoderas de mí como si volviese a ser,
como si el tiempo no me hiciera crecer.
Me hundes, me angustias y desolas
y entre llantos desgarradores
corto mis venas a ver si respondes.
Se apagan las luces a cada paso.
Mis labios están temblando,
nunca más tendré tu abrazo...
ni siquiera tu mano me da un adiós
en el cual refugiarme
como si fuese tu último recuerdo,
al menos como una ilusión.
...Y aún así te recordaré con cariño. Fingiré que tu partida no duele, así como tantas otras cosas se esconden. Que aún en el más oscuro lugar un buen momento ilumine tus pensamientos y recuerdes, en silencio, que seguiré pensando en tí. Entonces sabrás cuanto te quise y cuánto duele que te marches sin siquiera una cínica despedida...
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