miércoles, 14 de febrero de 2018

Nuestro sueño

Y habrá que dar vuelta esta última página, poner fin de una vez al capítulo casi inconcluso. No sé si bastará cerrar la puerta una vez más y tampoco si el tiempo borrará tu recuerdo... si sé que por mucho que sea el cariño la desconfianza acabó por marchitarnos, aunque a cada uno por su lado.

Puede que algún día lo supere y quizás no era lo peor que podía pasarme. Talvez lo que dijiste me abrió los ojos a esta nueva realidad de la cual estabas muy lejos, tan lejos que no notaste siquiera lo que estaba pasando entre los dos.

Y quizás nunca te enteres. Puede que este sueño que alguna vez existió entre nosotros se extinga solo en mí que fuí quien lo quizo de veras. Sin más se acaba todo. Y tú aún no lo sabes. Llorarás, lo sé, si te contara, pero ¿de que sirven ahora las palabras? Ni los gestos pudieron hacerte creer mi verdad. Probablemente me odies por todo esto, porque de ninguna manera podrías entenderlo.

¡Que pase el tiempo y con él los recuerdos! Porque no te veo queriendo a tí retenerlos. Y así, que el llanto se seque junto a todos los cauces recorridos. Y que se pudra nuestra historia dentro de mi baúl. Yo se que no querrás explicaciones, tiempo, ni espacio... menos una historia de lo que fué y desapareció.

Por favor, no te alejes.
La ventana está rota
y este invierno ha sido frío.
Por favor, no te alejes.
Ahora que he visto el tiempo
pasar frente a mi puerta riéndose de mí
entiendo que no entiendo
y que el silenco me ha ganado la lucha
de querer detenerlo y guardarlo
hasta que llegue mayo otra vez.
No vendrá, no volverá
porque dimos ese paso que rompe todo
quebramos la felicidad,
la parchamos con memorias,
con nostalgia y así, hoy llueve.
No había vuelta atrás,
cada uno ya eligió su camino,
fuimos distintos,
no había vuelta atrás.

C.D.R.C


Fuí agónica de luz, me aferré a pedacitos de vida como una opción sobreviviente entre tanta oscuridad. Fuiste una llamarada intensa que llenó el vacío en calma, te instalaste como un espectador para quedarse y salvarme de mi caos, me salvaste de mí. Complicaste mi existencia simple, diste nuevos sentidos y lograste hacer florecer todas las sonrisas perdidas en el tiempo. Aun con las incertidumbres, ahogué la anhedonia como vieja y fiel amiga; tomo el riesgo, te temo y a mí contigo... temo apagar con mis errores la luz que llegó a llevarse la oscuridad y el miedo. Llena cada vacío con tus despertares, llena las noches con palabras, yo llenaré de vida la tuya y quemaré con la fuerza que me queda cada cuestionamiento, tomaré tu mano y cada paso en el tiempo lo daré contigo. Las promesas pueden perderse, deja mis actos quedarse por y para ti. 
He temido a la soledad, pero ha sido la mejor compañera. En este ir y venir de oportunidades y errores, una vaga esperanza de certeza ha venido a mí y hoy, otra vez, me plantea el rol de espectadora, pasiva ante los resultados.
Hay palabras que pretenden tener un cómplice, una respuesta ante el dolor que se interpone entre la felicidad como estado impermanente y la dramática estabilidad con paso a la tristeza.
Duele extrañar, duele ser cómplice de la duda, duele estar de pie y esperar.