martes, 24 de mayo de 2016

Para siempre

Porque con tanto en el cuerpo,
tanta carne, tanta pena, vida y ansiedad,
me he conocido, rechazado y reinventado.
Ahora, acá, no huyas
abrí mis ganas otra vez
después de intentar matarlas
pero el tiempo se burló
y aun no sana la yaga.
Para siempre porque siento
para siempre porque decidí
para siempre porque no olvidé.
Si asumí tu ausencia como un antagonista
hoy tu regreso es mi mejor amigo.

24/05/2016 (2) "Ella"




Una llamada como tantas otras, otras lucas, otra cara, otro cuerpo y otra calle.  Acordó lo de siempre y cortó.
Recorrió Santiago por la tarde, con sus botas de ruidoso tacón alto y su vestido azul de escote intimidante. La gente la miraba, los niños quedaban intrigados mientras sus padres, con rápido caminar los tomaban del brazo para seguir… pero ella, con su paso firme y siempre decidido, se abría paso por calle San Antonio. Hace tiempo había dejado de preocuparse por el peso del juicio ajeno y de ese tiempo solo quedaban unas arrugas escondidas tras el polvo compacto y unas ojeras que cada año era más difícil tapar.
Al caer la noche, se paró frente al espejo antes de ir a trabajar. Se miró recordando ese pololeo juvenil que le dejó quince años de cuidado infantil, antes de que la abuela del niño tomara la custodia. Usó su maquillaje barato, tomó su cartera y salió. En Alameda tomó un taxi con un destino del que no volvió.
Nadie quiso preguntar por ella ni por su vestido azul. El resto de sus zapatos de tacón quedaron guardados, su pieza arrendada en el centro abandonada, la noche olvidada.
En la televisión se transmite un nuevo partido de fútbol. A ella nadie la recuerda.

24/05/2016 (1)



Una anciana descansaba sentada en una plaza de Santiago. Frente a ella, un monumento dedicado a un cardenal la hizo pensar en ese 6 octubre del 73 en que recibió la noticia. A su alrededor paseaban familias, un hombre vendía algodones de azúcar y los gringos recorrían el lugar con un guía turístico que, con un inglés extraño, les hablaba sobre el reconocimiento a los pueblos originarios y el monumento a ellos –“¡Qué curioso!” pensó, cuando un poco más allá vio la estatua de Pedro de Valdivia-. Se puso de pie para seguir su labor, a la hora de almuerzo se hacía más difícil.  
Se fijó en una mujer que miraba insistentemente su reloj, arreglaba su pelo, hacía dibujos invisibles con sus pies en el suelo y volvía a consultar la hora. A lo lejos, la anciana escuchó el cañonazo de las 12 y pensó en ese día -¿qué habrá pensado el Pancho antes de que llegaran a buscarlo al restaurante “El campesino”?-. La mujer joven ahora miraba el suelo. La anciana la observaba con curiosidad. En ese momento apareció un joven que caminó hacia ella rápidamente, la mujer levantó su cabeza y sonrió. Con nostalgia, la anciana miró a la pareja, dejó caer una lágrima, miro al cielo, recogió los últimos papeles que le quedaban cerca y los botó a la basura.