domingo, 30 de diciembre de 2012

Aunque patee piedras
he de recordarme que no se muere de errores,
no se vive en el pasado
ni se debe caer en la ilusión de futuros.

martes, 25 de diciembre de 2012

Que al menos sea el intento

De tanto agarrarme a patadas con veranos y primaveras me he cansado y decido dejar de pelear. La vida es corta... prefiero correr el riesgo y pronto perderme buscando lo nuevo. Prefiero encontrarme, ya pasados los años, y entender que algo aprendí. Decido al menos intentar dejarme a la osadía en lugar de solo poner un pie tanteando los terrenos. Ahora intentaré no cerrar las puertas a lo nuevo ni a mis ganas. Decido escupirle a las restricciones, a lo cierto y correcto... decido vivir. Decido errar y, al menos tratar, no limitarme y aprender.

domingo, 23 de diciembre de 2012

.

Me encontré con un sin fin de palabras
mutiladas después del desastre.
Imposibles de coexistir,
las letras se degollaban unas a otras
entre el pánico y desesperanza.
Comprendí que ese magnicidio
corrompería mucho más que la pronta inexistencia.
Me vi envuelta en una ola de ideas
incapaces de ver la armonía
y cuando quise detener la hemorragia
causada por la desfachatez de mi creación
era demasiado tarde:
de mis venas huían despavoridas letras,
sin yo poder seguir conteniéndolas.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Ahora lo fumo.


En ese entonces fue que la vida se quejaba
y mis ganas empezaron a gritarme, ensordecedoramente.
Pude dar mil y un razones por las que quise dejar de creer
mas el tiempo se me volcaba y vomitaba su resolución,
mientras yo insistía en no querer.
Y los ríos fluían libres
y las flores sonreían desde el jardín,
incluso, en algún lugar del mundo, la ternura tendría valor.
"Para alguien, no para mí", me dije
y solté la amarra.
De nuevo se truncó el momento
y cada uno por su lado.
Y ese gustito amargo de quedarse sin nada,
nada que decir ni que hacer.
Fuimos lo que hicimos y, si bien,
se mató tanto, algo debe haber quedado...
no sé qué, pero algo.
Desde ese entonces ya no creo en magias baratas,
me tragué centenares de tiempos, esperas y tanto
que se me hizo empalagosa, incluso, tu cara.