domingo, 16 de diciembre de 2012

Ahora lo fumo.


En ese entonces fue que la vida se quejaba
y mis ganas empezaron a gritarme, ensordecedoramente.
Pude dar mil y un razones por las que quise dejar de creer
mas el tiempo se me volcaba y vomitaba su resolución,
mientras yo insistía en no querer.
Y los ríos fluían libres
y las flores sonreían desde el jardín,
incluso, en algún lugar del mundo, la ternura tendría valor.
"Para alguien, no para mí", me dije
y solté la amarra.
De nuevo se truncó el momento
y cada uno por su lado.
Y ese gustito amargo de quedarse sin nada,
nada que decir ni que hacer.
Fuimos lo que hicimos y, si bien,
se mató tanto, algo debe haber quedado...
no sé qué, pero algo.
Desde ese entonces ya no creo en magias baratas,
me tragué centenares de tiempos, esperas y tanto
que se me hizo empalagosa, incluso, tu cara.



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