Me encontré con un sin fin de palabras
mutiladas después del desastre.
Imposibles de coexistir,
las letras se degollaban unas a otras
entre el pánico y desesperanza.
Comprendí que ese magnicidio
corrompería mucho más que la pronta inexistencia.
Me vi envuelta en una ola de ideas
incapaces de ver la armonía
y cuando quise detener la hemorragia
causada por la desfachatez de mi creación
era demasiado tarde:
de mis venas huían despavoridas letras,
sin yo poder seguir conteniéndolas.
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