Al niño que hablaba de revolución
Cuánta palabra vacía y pensamiento vago apropiaste. Esos pasos que me acompañaron se quedaron atrás mucho antes de terminar el camino que juraste seguir. No conmigo, no contigo, se apagaron los anhelos y el desconocimiento de causas te lleva a tanto cuestionamiento sin explicación. Quisiera sentir feacientemente el provecho de estos meses, sentir que no fue en vano cada deseo que tuve para ti, pero el niño sincero e inocente se corrompió ante las banalidades de la vida y, a mi pesar, lo sentirás más que yo. Desearía amortiguar el peso del derrumbe, sostener ese frágil cuerpo al momento de caer, pero no estaré ahí, no por falta de interés, por cariño propio. Esperé e ilusamente me falltaste, te fallaste y con los años, cuando te mires al espejo y sientas el impacto del tiempo en tu cuerpo, podrás mirar atrás y entender que cada palabra que di para ti, que cada confianza, que cada cariño y beso se quedaron para mí encerrados en el baúl de los olvidos.
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