Mi cuerpo cual campo de batallas infinitas
quemaduras ya indolentes y austeras en el tiempo
quebrantos sobre cielos grises amigos
puertas con posibilidades y acciones finitas
Reconozco mis raíces liadas a tierra infertil
miradas fieles quebradas por la luz del entendimiento
pasos de niña asustada ciñendo la oscuridad
la costumbre, la rabia, la agonía, la resignación
Locuacidades siempre entre tanta despedida absurda
tanto camino desviado, tanto cruce y accidente
el cinismo del bienestar presentado entre sonrisas de cristal
y alguna mano tendida que recoge su interés
cinco lustros bajo la ceniza del herido ardor
demasiada palabra naufraga del sentido y la esperanza
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