martes, 28 de septiembre de 2010

La Distancia.

En Plaza de Armas un hombre nostálgico veía las personas a su alrededor. Hacía mucho calor y el ambiente aturdía. Un joven entregaba un telefono móvil a una mujer mientras instintivamente miraba de reojo si lo observaban.

El hombre miraba el reloj y hundía sus manos en los bolsillos, se tambaleaba entre el sofoco, el hambre y la sed. Caminó hasta una centro de llamados, con dedos temblorosos marcó el número y al escuchar sus voces inocentes se largó a llorar sobre el auricular.

No hay comentarios:

Publicar un comentario