Y te dejo ir
porque en el afán de quererte conmigo
me he olvidado de vivir,
sentí cómo todo perdía importancia
y cómo me hundía por desearme en tí.
Por más que quize,
no hubo en tí algún buen recuerdo
que gritara más fuerte...
sólo podía llorar
y entretanto se derrumbaba mi mente.
Tú en tu orgullo,
yo en mi pena.
No hubo nada más,
ni siquiera un adiós...
¡Aún así te extraño tanto!
No queda más que la resignación
cuando no hay quien escuche.
La conciencia no duele
cuando no existe nada de qué arrepentirse,
¡¿Pero esta aflixión?!
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