En el umbral de los ojos,
ahí donde las sombras no me alcanzan,
donde yo decido entrar la luz
cuando las noches y el cansancio pesan.
Es ahí donde decido quedarme
y he querido no dejar pistas
ser para mí, no más que las sonrisas
y la casualidad constante del olvido.
Del repentino remordimiento
me vivo, a veces,
porque el tiempo me voló los recuerdos,
me quemó las fotos y también el cariño.
Una, dos, tres o más...
los tiempos nunca vuelven
y las realidades no abandonan
cuando los errores se repiten
ya no sirve la memoria.
Cerrar la puerta,
dejar rencores,
quebrar amores
y jamás olvidar de nuevo.
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