viernes, 14 de noviembre de 2014

La luna compañera
nos perdonó la caricias,
las risas, las ansias,
sobre las cornisas.
Así, mi corazon de tiza,
se retuerce en la noche,
tus brazos, tus labios
y esas sonrisas.
Al final, de tanto escapar
terminamos enrededados
como los gatos.
Los tejados se hicieron un sueño
y los libros y el vino
nuestros nuevos vicios,
quisiera cantarte al oído
todos mis recuerdos
guardarlos sin miedo
en tu pecho y mi pecho
y fundirnos de nuevo
sin remordimiento.

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