La luna compañera
nos perdonó la caricias,
las risas, las ansias,
sobre las cornisas.
Así, mi corazon de tiza,
se retuerce en la noche,
tus brazos, tus labios
y esas sonrisas.
Al final, de tanto escapar
terminamos enrededados
como los gatos.
Los tejados se hicieron un sueño
y los libros y el vino
nuestros nuevos vicios,
quisiera cantarte al oído
todos mis recuerdos
guardarlos sin miedo
en tu pecho y mi pecho
y fundirnos de nuevo
sin remordimiento.
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