Colgué de cada nube una palabra
y pinté tus labios para encontrar el camino de vuelta.
Silencio. El aguacero.
En el marco de tu puerta
el ocaso se caía a pedazos
y mis pies descalzos se ahogaban en la niebla.
Un beso resbaló por mi mejilla,
calló al suelo y murió ahogado.
El eco de tu risa y este irreal momento, son todo lo que me quedó.
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