miércoles, 3 de octubre de 2012

La sangre corría se deslizaba desde la puerta de la casa, caía a la vereda y se esparcía por las calles hasta la avenida principal. Yo, en el sillón me retorcía mientras recordaba que aún faltaba mucho por hacer. "Así es la vida, reprime el ego y el orgullo", decía mi madre mientras me hacía la idea de un futuro en que debía ver mis entrañas revueltas en un pabellón, entre el olor a guantes quirúrgicos y anestesia, para terminar, al salir de ese lugar, de la misma manera en que ella quedó con la cabeza mirando al suelo con las rodillas gastadas de tanto fregar.

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