lunes, 23 de noviembre de 2009

El eterno recuerdo.

El día se ve agradable, el aire es templado. Puedo oír a mi madre preparar el desayuno en la cocina y el olor de las tostadas invade mi habitación. Ella me conversa intentando sacarme de mi sueño innato pero mi pereza es más fuerte.

Al llegar lo primero que veo es el nombre “Chilean Eagles College”, que me recibe recordándome todas mis historias vividas, aquel edificio gris y demacrado por los años, al cual las remodelaciones no han conseguido revivir, parece imponente ante quienes apenas comienzan a descubrir el mundo.

He buscado en vano su presencia. Ahora que noto que no lo encontraré el clima parece cambiar y entristecerse. Francisca me dice que no volverá pero no me resigno a haberlo perdido, pienso en cuanto más pude haber hecho para impedir su partida.

Todos me miran apiadándose de mi dolor, como diciéndome “comparto tu pena”. Pero ¿qué pueden saber ellos de mí y de mi sufrimiento? El vacío se hace cada vez más grande. Tengo deseos de decirles que nada en sus patéticas y simples vidas puede compararse con lo que he vivido, pero con ellos solo lograría el deshago momentáneo.

Hoy he hablado con David. Me he dado cuenta de el tema aún es importante para mí. Me ha dicho que lo ocurrido no es culpa de nosotros, que es el destino que nos ha jugado una mala pasada, que ya nada podemos hacer. Tiene razón, no puedo hacer anda para que vuelva. Sus palabras me han incentivado a seguir adelante, “lo que no te mata te hace más fuerte” y esto es solo otro obstáculo en mi vida y la suya. ¿Qué más podríamos hacer?

Hemos decidido comenzar de nuevo, esperando superar lo ocurrido juntos. Sin embargo sé que no lo podré olvidar. Nuestra corta edad no fue impedimento para una experiencia así.

No imagino el dolor de aquellos padres que pierden a sus hijos después de años juntos, por cualquier motivo. De haber sido ese nuestro caso creo que no lo hubiera soportado.

David y yo nos hemos armado de valor. Fuimos hasta el eterno hogar de nuestro hijo que jamás pudo ver la luz, dejamos todo lo que nuestras familias tenían para el, además de nuestros sueños y expectativas, todo durmiendo eternamente.

Quedan unos pocos días para el término de año escolar. Debo prepararme para el inicio de una vida distinta a la que he estado acostumbrada todo este tiempo. Debo enfrentarme a otros espacios además de aquel edificio gris, y sobre todo debo aprender a dejar atrás los malos recuerdos. Ya no nos sentiremos solos.

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