Hay verdades que se nos escapan por las ojeras,
se transforman en tormentas
o mares tempestuosos y esperamos el efecto:
el naufragio.
Sabemos,
no necesitamos voces de vacío consuelo,
pero la vida se viste de negro.
Veo partir y me resigno,
alzo mi mano en señal de despedida,
sosteniendo un pañuelo
que pide el alto a fuego.
De a poco me siento ajena a todo
de pronto todo me afecta
y busco respuestas en falsas recetas.
Tengo un camino inconcluso delante
y uno agrietado detrás ciñéndome con fuerza,
no hay tiempo para vueltas.
Y si digo que no siento, miento
porque el miedo me tiende su abrazo,
paso a su lado y lo miro fijo,
se ríe porque quiero esquivarlo
y canto
tratando de dar paces a los llantos
los faros han perdido su brillo
como si alguien los soplara a mi paso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario