miércoles, 2 de julio de 2014

Decidí.

Dejé atrás mi claustro adolescente,
ese que tantas veces
me cerró la palabra,
me vendó los ojos
e incendió mi alma.
Decidí destruir tanto palacio
y sus torres de aire,
decidí pintar de negro la calle,
ver el cielo de cerca
dispararle a la razón.
Pisoteé cuanta inocencia
encontré por delante,
y me encontré con el talle,
con la risa finjida
 de la adultez errante.
Mirada y en boca de tantos que saben tan poco,
entre tanto cuerpo sin pasión,
en tanta palabra sin compromiso,
entre tanto y tanta mierda que creí conocer
y que aún no termina.
Entre tanto juicio de cartón,
velada insólita,
idea rota,
balada mentirosa
yo decidí.
Decidí aplastar la agonía,
el habla,
las palabras necias,
los oídos sordos
las manos abiertas.
Decidí romperme,
navegar sin rumbo
sin velas ni estandartes,
acabar el sociego
y dudar la cordura.

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