Todos alcanzados,
ardan sin remordimientos,
sin cuestionamientos.
Yo estoy aquí,
con un último aliento recalcitrante.
Que los alcance la llama inextinguible,
rencorosa, rabiosa y memorial.
Arde
arde
arde una ciudad completa
cuando entre gritos se apaga la memoria.
Somos pequeñas velas, fallidas fogatas
entre ideas y un poco de recuerdo.
En lo yermo revivir la llamarada
que encienda la consciencia cuando llegue el diluvio.
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