Y se fue a descubrir el mundo. No volvió por las noches el beso amigo, ni las risas en los parques, ni el abrazo de una madre. Caminó y sus zapatitos de gamuza no eran los de antes. Al llegar a la calle oscura no hubo un funeral para su inocencia ni luto para su infancia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario