Las promesas rotas,
el tiempo final que se hace eterno
se extiende, se aleja
nunca ha de llegar.
Imposible ver nuestras propias manos
nuestros ojos sollozantes
las gargantas apretadas
a tientas buscando una salida
entre esa multitud jadeante
tan vulnerable
incansables
recobrando el aliento para continuar
para oír otras vez las excusas
para recibir el discurso barato de siempre
y tener una nueva razón para seguir.
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